Orfeón Donostiarra en la novena
Lunes, Mayo 28th, 2007A las ocho estaba a pie de urna, convocada por la junta electoral, como sustituta del vocal primero. A las ocho y diez se presentó el titular y yo escapé, había cosas que hacer: el jardín de piedras ya tiene plantas.
A media tarde, antes de la novena de Beethoven, volví a pasar por la mesa de votación. La previsión de escuchar el himno de Europa en un día como este, debería ser estimulante patrióticamente, pero a mí la patria en sentido estricto me deja algo fría.
No cabía un alfiler en el Víctor Villegas. El orfeón donostiarra mueve al público y atrajo, con el caramelito de la 9ª de Beethoven, a los casi 1400 que cabemos en la sala grande.
Debe ser cosa del destino, que entre esos 1400 haya tres niños y dos me toquen a mí en la fila de delante. Estaba yo segura que no alborotarían porque a su lado estaba la Santa Inquisición del cabello blanco dispuesta a cortarles la cabeza (perdón la cara) en caso de que se movieran algo más que dos centímetros en el centro del asiento.
Más vale que no haga crítica musical ya que me dejaría llevar por la poca estima que le tengo al Beethoven. El ir y venir constante de fortísimos a pianos, la marea de melodías repetidas hasta la saciedad no encaja en la música que me haría llorar, que es la que me gusta. Entiendo que él (genio) estuviese contento de descubrir el manejo del volumen que se puede hacer con una orquesta bajo la batuta, si llega a nacer en el siglo XX con un aparato de música entre los dedos, hubiera enloquecido.
Beethoven me produce somnolencia.
El orfeón donostiarra es un buen coro, compactado, potente, disciplinado. Los hombres son un bloque de recios chicarrones del norte, y siento usar este tópico. Ellas, suenan bien, dentro de una túnica con lacito en la cintura blanca (horrorosa). El uniforme de estas mujeres es feo de cohones.
Los críos se portaron bien, mucho mejor que los tosientes, las señoras con abanico, los dueños de móviles, los ejecutores de airados portazos, un cielo.
Mi “S”, en su entusiasmo vasquito, concluyó que era la primera vez que escuchaba un coro apagando el sonido de una orquesta, merendándose a una orquesta de alemanes (me corrije) . Lo normal es que sea al revés. A mí esto no me parece meritorio, creo que un coro puede tener otras virtudes.

Esta foto es del orfeón en la época en que dio sus primeros pasos. Obsérvese que ellas ya están vestidas de blanco angelical y ellos llevan boina. ¿Por qué se ha cambiado el atuendo de los hombres y no el de las mujeres? Da que pensar.







