Viaje a Mallorca

Hace 36 años estuve en Mallorca de viaje de estudios. Surcamos (jeje) el Mediterráneo en el Ciudad de Burgos, un barco cochambroso. Cuando salimos de Alicante ya llevaba un mediano mareo producto de la peste a gasóleo quemado del autobús, la natural agitación del vehículo  y mi predisposición a ello. Viajar en autobús siempre me ha descompuesto, sólo de pensarlo ya tengo el vahído previo.
Tuvimos la suerte de vivir una ligera marejada que movía el barquito de allá para acá. Si hubiese sido marinera experta habría sido una minúscula anécdota en un viaje digno de recordar. A pesar de las Biodraminas (que ya estaban inventadas) vomité hasta la primera papilla que me dio Doña Ana en el 57 en coordinación con  mis compañeras de viaje y camarote. ¡Qué experiencia!
Pili Molina fue la única que quedó al margen del círculo viscoso de la vomitona colectiva. Su señora madre le había puesto un algodón empapado en alcohol sujeto al ombligo con una cruz de esparadrapo. ¡Oiga! ¡Mano de Santo!

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En tierra firme estuve durante dos días caminando con la sensación de que la isla se balanceaba.
 

…Y todo esto viene a cuento porque he vuelto a Mallorca durante cinco días y además de no marearme nada (los aviones acojonan pero no marean) he disfrutado de un viaje cómodo, tranquilo, instructivo, divertido, dulce (las pastelerías y los pasteles de Palma, ¡guau!), silencioso, rico visualmente (630 fotos) una gozada.

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