Mallorca, las ensaimadas de crema y pensamientos paralelos sobre el arte abstracto.

La variedad de lugares, objetos y sujetos relacionados con el ocio, el descanso, las actividades de lujo y el arte eseso, muy variada.
“Es baluard” es un recinto defensivo que, dado que hay poco que defender, ha sido reconvertido en museo de arte contemporáneo. Puedes ver desde un Picasso a un Anglada Camarasa. Yo me quedo con este segundo.
El arte contemporáneo se multiplica en estilos y formas. La mayoría de ellas me parecen brillantes ideas hechas para rellenar los espacios de aburrimiento que procreamos entre tanta abundancia: divertidas, expresivas, algunas incluso transmiten una idea o un mensaje.  Son cosas que yo compraría si tuviese mucho, mucho, mucho dinero. Aunque si eso fuese así antes intentaría comprar un Gauguin. Por soñar que no quede.
Hay algunas formas informes del arte actual me ponen delante los modos de trabajo de algunos (bastantes) de mis alumnos a los que hay que convencer del valor de la obra bien hecha, cuando menos terminada. Buscar la perfección es una virtud que requiere ánimo y esfuerzo, lo fácil es dejar con la excusa de la espontaneidad creativa- las cosas a medio camino.

El arte moderno que salta por encima del realismo para ser manchas, chorretes y texturas no me gusta por que no me dice nada, en algunos casos me parece un elemento decorativo, bonito y poco más, en otros lo bonito, cursi o decorativo incluso les queda lejos.

Esta reacción alérgica tiene su origen en el día que vi la obra completa de Millares  en el Reina Sofía,  me empaché gracias a incontables obras de fondo blanco o gris con sacos pegados y untados de gruesos pegotes de pintura y algún trazo en otro color, rojo, negro, extrañamente el amarillo. Lo más creativo de su obra es que todo se parece tanto que ha creado estilo. Soy insensible a lo artístico de montones de residuos  embadurnadas de pintura en estado vertical mal  llamadas cuadros, de texturas amasadas con la finalidad de recrear la vista. A mí las texturas amasadas me gustan en las ensaimadas de crema.

Toda esta basurillas se vuelve expresiva cuando un pedante amigo del galerista, representante o promotor del artista-  al que nadie comprende, y que hace elogios y alabanzas sobre la trascendencia espiritual del nítido blanco que se eleva con fuerza arrolladora hacia el iris rutilante del observador tensando hasta el más profundo e íntimo rincón de su trascendencia vital (sic).

“Can Solleric” en el paseo del Born nos arrojó en las habitaciones de Teresa Mata, una señora que recicla trajes de mujeres y que está muy, muy depresiva por lo mal que nos trata la vida.  Representar el agónico devenir de lo femenino en un ambiente cerrado y oscuro es melancólico. Quizá lo mejor que he visto en mucho tiempo en cuestión de composiciontrajesdecomunion.jpges e instalaciones. Después me tuve que comer una ensaimada para levantarme el ánimo. La vida es así, una de cal y otra de arena.
 

 

Me gustó Mallorca: agradable, ciudad para caminar, para ver,  para disfrutar de patios y antiguas casas señoriales que ahora son casas de vecinos, tranquila, buena temperatura y lluvia constante durante los cinco días que estuvimos: para volver

Los pasteles,  de muerte y las ensaimadas de crema,  resurrectoras de cualquier turista muerto (ya sé que esa palabra no existe pero debería).

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Turistas moribundos, el turismo es muy duro, en trance de resurrección.

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