Cosas crecederas

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Tejí en tiempos de Maricastaña un abrigo con lana azul, vuelta del derecho, vuelta del revés: punto bobo.

Elenita llevó el abrigo aproximadamente tres años. El abrigo crecía al mismo tiempo que ella. No sé si cosa de magia o que el punto bobo, flojeras él, se iba apretando y ajustando al cuerpo de la criatura. Fue un ahorro total. Elena aprendió a andar, hablar, correr y saltar abrigada en azul turquesa.

Con el tiempo he observado que hay en el mundo cosas crecederas: la sopa cuando la olvidas en el plato, los michelines, las arrugas, las orejas de los viejos, pero nunca había visto libros en crecimiento.

Stephen King siempre ha escrito sobre magia, hechos singulares, el mal fario y la influencia de todo lo malo. Me enganché a la “Torre oscura” hace años. Leí los tres primeros tomos, los releí de nuevo cuando publicó  tomos siguientes  de la saga, se me había olvidado de qué iban los anteriores. Y… he aquí, que una vez empezado el cuarto tomo, crece y crece y me tiene atada de pies y manos porque no consigo terminarlo y pasar a otra lectura.

¿Cosa de magia o de falta de sintonía?

Y más… en Murcia, cuando un crío tiene azogue, movimiento continuo, hiperactividad (dicho a lo moderno) se le justifica diciendo que es “carne creciendo”. Me gusta esta expresión en tanto expresa la certeza de que  completar la infancia traerá la calma adulta.

Y más aún… algunos de mis amigos jóvenes han sido padres y otros no tan jóvenes, abuelos.

” Feliz Carne creciendo”

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