Adolescentes III (y última): teorías capilares
Lunes, Febrero 19th, 2007Hace años desarrollé la teoría (sociología patatera, capítulo II) del “Cenicero”.
La moda capilar del cenicero hizo furor durante unos años entre algunos alumnos preadolescentes y adolescentes. Una corona, un platito de pelos tiesos en el centro del cráneo pelón, una corona de rey de la casa, de príncipe del callejeo de barrio, de la “amoto” trucá. Llevar un cenicero era casi garantía y anuncio de que habíamos perdido un alumno mediano, e incluso bueno y habíamos ganado un macarra.
Automáticamente el crío caía por la pendiente del fracaso escolar, contestaba con ladridos rabiosos sin valorar qué le habías dicho o a quién se lo había dicho, el mundo era una jungla de colillas chupeteadas en escondite, su mirada era asesinaEl cenicero lo poseía con una carga maliciosa que nunca habíamos adivinado en ese chico.
Ha pasado la moda del cenicero y ha llegado la de la cabeza pelada con melena en la nuca. (sin ánimo de ser racista, una moda de lo más calé) Las resultas educativas y la mala influencia es la misma. Sólo algún desinformado se deja llevar por esa estupidez capilar del cenicero, en cuyo caso recibirá toques de atención de sus colegas para que medite sobre su estado fuera de onda.
La versión femenina a esta tendencia personal a lo macarra se plasma en unos pendientacos de oro, el eyeliner de cinco milímetros, y las cejas de tres pelos (los tatuajes y piercins aparte) junto a un alto riesgo de embarazo infantojuvenil. 
Es fácil desactivarse como estudiantes y saltar de la infancia a una teórica adultez que florece en palabrotas, cigarrillos, ropa uniforme, chatarra de oro, una moto potente, una tremenda precocidad sexual y repetir “acho” cada tres palabras mal hilvanadas.
Creo que no he dicho nunca que me quiero jubilar.
