Lloviendo

lluviagotasrosapeque.jpgDesde hace tres días llueve con mucha elegancia en Molinica del Señor.
Lluvia elegante es la que viste al día de gris calma, lo empapa sin estridencias ni ruido.
En mi infancia mi madre me hizo en sucesivas ocasiones, regalos que no he olvidado: unas botas de goma, un impermeable amarrillo huevo, un paraguas que simulaba en su tela las hojas de un periódico escrito en inglés. Son regalos que me hicieron feliz. Bajo un paraguas te sientes a salvo y diferente. Te contaminas de su ligereza suave y eres un punto más feliz.
No sé si este tono melancólico es cosa de la lluvia o del “Cinema” de Rodrigo Leao que estoy escuchando.
Frío y humedad  para nosotros,  murcianos de secano desértico,  son desagradables,  pero necesarios. Hoy algunos sienten la tentación de hacerle un corte de mangas simbólico a Santa Cristina de la Mucha  Sal patrona de los hermanos del secano natural insalvable.
Los críos llevan fatal el encierro de los días de lluvia.

 Aún no entiendo por qué se prohíbe salir al patio, una lluvia fina en la cara es un disfrute, saltar un charco una fiesta.
Algunos de mis alumnos, tienen 9 años, no conocen lo que es una lluvia persistente más allá de unas horas, no han corrido por las calles con el agua hasta los tobillos, ni han observado la fuerza del agua que arrastra piedras, ramas y barquitos de papel. Su relación con  el agua es grifesca y piscinera.

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