Nieva sobre nevado
Sigue sin nevar, incluso sin llover, la nieve me trae de cabeza. Comparada Molinica del Señor con Lepe, es mi pueblo más dado a la nevada. Será por eso que nuestro alcalde no ha decidido aún alquilar el cañón de nieve artificial, aún se debe acordar de la última, hace 24 años, un sábado del mes de febrero. Yo aún recuerdo que bajé al mercado con unos zapatos rojos de tacón de cara puntiaguda que se me incrustaron en los pies. No los he olvidado ni el barrillo del mercado.
Rojas Marcos dice que las personas felices tienen que tener voluntad, constancia y mala memoria (para olvidar los sinsabores de la vida) y eso a mí me falta.
Bien, nevó, pasamos frío y yo aún no he olvidado aquella experiencia porque ese mis
mo día firmé mi primer préstamo (al 16%) y eso, no se olvida.
El recuerdo va y viene porque los noticieros se hacen eco de la tremenda frustración de los esquiadores porque no pueden esquiar. Detrás de ello hay un desastre económico para mucha gente que vive de todo las actividades relacionadas con las actividades de ocio al frío. A falta de lo natural, en algunos sitios han buscado el remedio de los cañones de nieve. Me parece un invento increíble, increíblemente estúpido.
El frío es una de las cosas más desagradables y odiosas que puede sufrir una persona, es infinitamente peligroso, te mueres congelado y ni te enteras y aún así, en estos tiempos de ecología reivindicativa no hay ecologista que lance un alarido por el malgasto que supone hacer nieve artificial.
Entiendo que deslizarse montaña abajo tiene que ser como poner el culo en una barandilla y dejarse caer: fascinante. ¿Tanto como para resignarse a las colas del telesilla, los esquiadores que se te cruzan y te sacan un ojo con la punta de sus esquís, las piernas rotas, los esquinces, el precio del alquiler o la compra del equipo, más colas para tomar algo caliente y reanimador, los atascos para llegar al sitio, los atascos para volver, los dedos helados, la nariz pelada por exceso de radiación? Estos son los inconvenientes que le veo sin haber esquiado nunca. Ventajas no se me ocurre ninguna.
Es inquietante, que a falta de nieve, ésta se fabrique, se usen los cañones de nieve artificial (no como el del alcalde de Lepe), de los de verdad, que consumen agua, electricidad por un tubo y un ruido de mil demonios, un maquinaria que pone hielo en un frigorífico descomunal modelo montaña para que unos cuantos “señoritus ” se deslicen sobre sus tablas en medio del sufrimiento del frío.
Me parece que aquí sólo se ve el verde de los campos de golf y se mira para otro lado cuando de nieve hablamos.