Alexander Rudin y “Los pequeños”, grandes artistas

El abono sinfónico del mes de diciembre nos ofreció a Alexander Rudin y “Musica viva chambrudin.jpger orchestra”. Allá en el gallinero, teóricamente se escucha todo mucho mejor. La asistencia a este concierto  es escasa, nada que ver con la inauguración de la temporada. Según me informa mi hermanico, veterano en estos eventos,  es normal que la asistencia flojee en relación directa al número de interpretes de la orquesta

Orquesta filarmónica y coro: llenazo.

Orquesta: llenito.

Grupo de cámara: Claros en el bosque de asientos.
Cuarteto: divididos los anteriores entre cuatro. Es decir asisten los muy forofos y los despistados.
Alexander Rudin y los suyos tocan de rechupete. Tanto como el ajo que después nos metimos entre pecho y espalda con las patatas asadas de “Los pequeños”. Anoto que la perfecta  coordinación en los ires y venires de los arcos de la familia violín es tan exacta  como las vueltas y vueltas del abuelete que está en la cocina de “Los pequeños” para darle consistencia a tan perfumado alimento. Meritorio.
Meritoria es tambimiradasquematan.bmpén la actitud, meritoria y miserable, de algunos de los asistentes al ciclo sinfónico. El invierno es malo, la gente se resfría, tose, come caramelos sin papel (es decir le quitan el papel antes de comérselo) y hace cosas naturales porque están vivos, les gusta la música, pero también son entes vivos a los que les pica la cabeza y/o la garganta y lo tienen que remediar. Hay algunos asistentes que lanzan miradas de odio, fulminantes ráfagas de “así te ahogues” a los que tienen la osadía de toser fuera de intermedio, tanto fanatismo musical da miedo. . Supongo que no irán a los actos de Cajamurcia porque se les reactiva al úlcera de la mala leche.
Los fanáticos están justo delante de nosotros, peinan canas, ambos dos, y asombra que ante cualquier mínimo ruido siempre tienen un gesto de desaprobación que poner en la cara.
La muy intensa vida que sufro me hizo perder el concierto del coro “Boni Pueri” y la orquesta “Música bohémica de Praga”. Los finales de trimestre son complicados y siempre se simplifica por la devoción, la obligación manda.

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