Los güesos rotos
Jueves, Diciembre 7th, 2006Los críos de ahora son blandos, aunque a veces te equivocas.
Gritaba como un corderico en el matadero cuando llegó a la sala de profesores. Le habían dado un balonazo en la muñeca derecha, la mano se había hinchado un poquito, ni morados, ni rojeces.
— Mari, tráete un poquito de hielo de la cocina, por favor él mientras tanto a grito limpio.
— Ayyyyy, ayyyyy , ayyyy ganas me daban de decirle “inspira, expira, empuja” según la recomendación de mi alumno Berto necesarias para momentos de mucho dolor.
La tentación secundaria era darle dos bofetadas, como se hace en las peliculas, para que experimentara un dolor verdadero y dejase de gritar. Siguió dando alaridos veinte minutos justos. Insensible a los mimos, al comentario, a la palabra suave. Tampoco sirvió de mucho el hielo, ni los cantos eclesiásticos de Fernanda, ni el trocico del réquiem que le tarareé , ni las explicaciones científicas de la necesidad del hielo en las contusiones. 
— Grita un poquito más fuerte, que no te oímos bien terminé diciéndole. A veces soy muy bruta, no sirvo para consolar a la gente. La empatía con la humanidad sufriente no es mi fuerte.
Su señora madre vino al rescate, y sí, tenía una pequeña fisura en la muñeca y, quizá, objetivas razones para gritar.