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El ogro de dos cabezas (jejé, bicéfalo)

Martes, Noviembre 21st, 2006

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Un ogro es un mal sujeto que tiene la costumbre de comer niños, mientras más tiernos mejor. No se sabe de dónde los saca. Está ojo avizor hasta que un crío se le cruza en su camino y entonces lo asusta, lo pasma. El crío pierde el sentido del susto y él se lo zampa, sin sal ni nada.
Esto es lo que ocurre a los ogros comunes pero el ogro Isidoro era especial y  tenía un gran problema.
Nació con dos cabezas pegadas a un cuerpo macizo. Como su abuelo por parte de madre se llamaba Isidoro su madre decidió repartir el nombre entre las dos cabezas  para que el ogrito no se hiciera un lío.  Le puso ISI a la cabeza derecha y DORO a la izquierda cabeza.

ISI era una cabeza de poco apetito, con una lechuguita y un tomate se saciaba, DORO había salido más ogresca en sus costumbres y se le hacía la boca agua sólo con pensar en la tierna carne de un niño.

La mañana de quince de noviembre, agazapado en la entrada de su cueva, oyó una vocecita canturreando que se acercaba. Isi se sentía un poco indispuesto por un dolor en las muelas del juicio, se quejaba: ay, ay, ay.
Doro sentía hambre canina porque hacía quince días que no probaban más carne que la del Mercado, y la carne muerta, bien sabido es de todos, no quita el hambre igual que la carne viva.
Doro le pidió a su cabeza hermana que guardase silencio, que dejara de quejarse porque le iba a espantar la caza. Isi, bastante quejica, blandengue y malcriado dijo un “ay” bien fuerte para fastidiar a su cabeza hermana tanto como le fastidiaba a él su dolor de muelas.
Tres minutos más tarde se aclaró el misterio de la vocecita que se acercaba, era la de una niñita adorable de lindos ojos, rizos de oro y nariz respingona de la que colgaba un buen chorretón de mocos. Una linda vocecita para una linda niñita vestida de azul con su camiseta y su canesú.
Traía un pañuelo en la mano y cada dos pasos estornudaba: achís , achís. Jesús, María  y José, qué resfriado he pillado.
El ogro, tras la roca escondido, esperó hasta que vio la sombra cerca  de él. En ese instante se levantó sobre ella en sus dos metros de estatura y las sombras se chocaron con gran estruendo: Aaaaahachís, achís, Jesús, María y José qué resfriado he pillado. Ay, ay, ay, qué dolor de muelas más malo. ¡Qué criaturita más apetitosa! A carne humana me huele. Achís, achís, que dolor de muelas he pillado, José, María y Jesús. Ay, ay, ay, qué resfriado más malo he dolido. A criatura humana me huele tan bien que quita el apetito.
Las sombras chocaron, se liaron las palabras y en tan terrible confusión la niña siguió caminando: achis, achís a carne resfriada me duele y en medio de ese disparate se salvó porque al ogro apeteció.
Fin