¡Vamos dexcursión! (la tortilla en la cesta y el jamón)


La vida es muy dura. A pesar de mis tres días de gimnasia acuática, la excursión de ayer a la Cueva del Puerto de Calasparra me ha puesto ante la evidencia de que me he hecho mayor o me sobran veinte kilos.
La mayoría de los críos subieron como lagartijas el medio km escaso de costera que te lleva a la entrada de la cueva. Mi compañera y yo llegamos con la lengua fuera, el corazón a 120 pulsaciones (al menos el mío) y un sentimiento de humillación física punzante. La excursión, fuera de este hecho lamentable, se deslizó como seda por cuerpo de geisha.
En tiempos pasados los zagalicos tenían el detalle de dormirse en el autobús a la vuelta ya que también estaban para el remate, como las maestras. Yo no me dormía por vergüenza torera y porque no hay quien me mate el puntazo de controlar al público infantil. Los críos son potenciales fuentes de sorpresa en caso de despiste. Pero ayer no, el autobús era un hervidero de canciones, ruido, gritos y críos intentando ponerse de pie haciendo acrobacias autobuseras.
Mi “S” dice que esto es porque el colacao de ahora lleva cafeína y el de nuestros tiempos bromuro.
¿Para cuando la normativa que haga obligatorios los cinturones de seguridad en los autobuses? Eso, además de atar a los viajeros al asiento y evitar ser batidos en un autobús accidentado, nos evitaría muchas discusiones con los nenes cuando salimos de excursión.
Está decidido, servidora no vuelve hasta que pongan un ascensor.
Comentarios turístico. Positivo-negativo.
Mis niños decían, dentro de la cueva, que era como estar dentro de un pan o un gran queso: las paredes están llenas de agujeros y galerías. No es muy rica en estalactitas y estalagmitas, el interés reside en la suavidad curva que ha ido tomando con el paso del agua paciente y los siglos. Esta cueva está originada por el paso de un río subterraneo sobre la roca caliza y un posterior pliegue del terreno (explicación somera del monitor que nos acompañó).
El arreglo del ayuntamiento de Calasparra para poder acceder y transitar por ella es rústico, la luz excesiva, deslumbrante. Mejorable.