¡Qué emoción!

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  NOVIEMBRE, Jueves 9
Concierto 399 (2º de temporada)
Orquesta de Cámara Leos Janacek (*)
 
 
  Jakub Cernohorsky, concertino-director
  Martina Bacova, violín
 
Respighi Danzas y arias antiguas. III Suite
Otmar Macha Elegía para violín y cuerdas
Dvorak Mazurek op. 49
Eduard Drizga
Pequeña suite para cuerdas
Britten
Sinfonía simple

 

Otra vez en el auditorio Víctor Villegas, concierto de cámara que no despertó el entusiasmo de otros eventos anteriores pero que me lleva a decir: ¡Qué emoción! como aquel personaje de  Viki el Vikingo cuando todo tenía visos de arreglarse y de terminar bien. No sé por qué me acuerdo de este dibujo animado, ni siquiera es un recuerdo de mi infancia.

Bien fue, bien terminó. Una orquesta eficaz que nos da la oportunidad de observar la variedad fisica entre los nacidos en los países del Este, desde el sujeto alto, moreno con tinte mediterráneo hasta el más puro eslavo (escuchar música no impide observar a los músicos y al público asistente).

La música de Otmar Macha y de Suk fueron una sorpresa para mí, me gustaron las dos piezas gracias a la tensión dramática y ágil que ponen sobre el escenario. Habría perdonado a Dvorak ya que la mazurca (bastante popular) será muy racial, pero debía ser la música de un pueblo amante del lío y la confusión, resultó música a barullo.

Bonita la solista, bonita, lista, buena estudiante, habilidosa, guapa y excesivamente descocada, no estuvo muy afortunada en la elección del trozo de tela brillante que se puso por la parte delantera del torso, por detras había unos hilicos y una espléndida espalda al aire. ¡Qué emoción! habría dicho el amigo de Viki el Vikingo al oír su traducción de su elegía de Macha. ¡Qué emoción! debieron decir los señores asisteviki el vikingo.jpgntes al ver aquella tierna espalda. (sin comentario)

Impresionada quedé con el público, variado en su aspecto y aliño indumentario aunque merece mención que  el promedio de edad supera ampliamente los cincuenta. Gente de bien, muy arreglada, amable, aparentemente todos se conocen, por algo son asociación, somos asociación. El ¡Qué emoción! más que nada corresponde a lo bien que me hace sentir pertenecer a este grupo. Le debo dos abrazos a mi “S” que hizo fuerza para que nos apuntásemos a este chorro de eventos musicales.

Mencionar la señora que en la cafetería, acompañada por un caballero entrado en años luce un collar modelo tres vueltas y media más propio de Carmen Franco que de otra persona, aunque he de decir que yo nunca me lo pondría para salir a la calle pero sí para hablar catalán en la intimidad de mi hogar, es decir, mirarlo de vez en cuando rebrillar envuelto en un fieltro negro. Me gustan los objetos brillantes  y pequeños como a las urracas.

Si parece que estoy alucinando es efecto de la tila que me he tomado.

Faltan cuatro días para el Réquiem       ¡Qué emoción!

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