400 concierto de Promúsica: Murcia 4-Birmingham 1
Lunes, Noviembre 27th, 2006
Como los reyes de Angalaterra, ah , ah; (1) nos sentimos durante el final del concierto de la Sinfónica de Murcia bajo la batuta de Virginia Martínez. La sinfónica sorprende por su eficacia y buen hacer, nada o casi nada tienen que envidiar a las sinfónicas que vienen en la temporada de abono.
Programa: (que discurre amablemente, tanta amabilidad merece algún comentario).
Haendel Música para unos reales fuegos artificiales . Tengo la sensación de que falta volumen y fuerza, siempre había imaginado esta música como algo atronador, que debía entrar más por el estómago y el olfato que por los oídos.
J.S.Bach Concierto para cuatro pianos y cuerdas BWV 1065 . Me gusta mucho esta pieza y echo de menos los claves, ese sonido hiriente, mecánico en contraste con la cuerda.
Mozart La flauta mágica (Obertura) Magnífica, maravillosa. He explicado las partes fundamentales de esta ópera. Aunque parezca increíble la audición de un extracto de la misma se da a los alumnos de primero de ESO para se vayan familiarizando con la tesitura de las voces y la estructura de la ópera. Imagino que se trata de plantar una semillita para al menos dar la opción a algunos de escuchar música clásica. A algunos les gusta. Mozart es así, resultón.
Mozart Concierto para dos pianos y orquesta en Mi bemol mayor K 365¼br /> Antonio Narejos canturrea mientras toca el piano. Marina Lozano salió evidentemente nerviosa, se fue calmando. Virginia le daba las entradas y me imagino, que según su costumbre le sonreiría dándole un metafórico toque de tila. Narejos no, no tuvo entradas. Seguramente no las necesita. La obra es alegre, divertida, a ratos seria. Agradable de escuchar. Los pianos charlan y juegan entre ellos mientras la orquesta pone un paisaje al fondo. ¡Qué gran idea!
Un concierto 400 debía incluir algo más, y eso nos lanzó al acto de entrega de placas para los vetustos( y elegantes) expresidentes del Promúsica, palabras del político del turno, al que había que agradecerle que cumpliera con su trabajo, tan excesivas que me obligaron a desconectar. Seguramente dijo que todos eran cojonudos pero en siete mil palabras según manda las leyes de la oratoria.
Al final, rompiendo la promesa de no volver a llorar en un concierto, terminé disimulando la lagrimica que se me escurría por el moflete durante el bis. La sala a oscuras, los músicos disponen de lamparillas en los atriles y repiten, ahora sí, a gran volumen la obertura de “los reales fuegos” y sobre el fondo y el techo, ¡Viva la tecnología!, vemos el castillo de fuegos que no pudimos ver en el Green Park de Londres de 1749 junto a Jorge II, entre otras cosas, porque no habíamos nacido y no somos ingleses. Emocionante final. http://www.sinfonicaregiondemurcia.com/
Hablando de Ingleses
El sábado asistimos a este evento. La sinfónica de Birmingham es impresionante, 82 músicos contados. Comparando resultados, si es que eso es posible hablando de música sinfónica, el grado de satisfacción entre uno y otro concierto es de 4 a 1. Pecado de imprevisión: deberíamos haber escuchado 100 veces la Novena de Mahler y no lo hicimos. Así que los movimientos centrales nos pusieron de los nervios, que es como debía estar Mahler (enfermo, depresivo, peleado con su señora y animado a la experimentación musical es decir a la antimelodía- ).Fue de agradecer el último movimiento. Ese agonía final interminable fue magnífica. Amo a los músicos que son capaces de mantener de forma estable un hilo de voz porque sé lo difícil que es ser discreto en este mundo de vocingleros . ¡Chapó!. (1) Haz memoria. “Mi roalico” (2) Aunque el auditorio pide por favor que no se hagan fotos, me lo salté. Mira que estoy ágil.



La noticia de ayer, dia 22 de noviembre en telediarios y periódicos , es que el síndrome del quemado forma parte de la vida cotidiana de mis colegas y la mía propia. Debería tener un ataque de autocompasión en este momento pero no viene a cuento. No somos unos pobreticos y en vez de quejarnos quizá deberíamos empezar a hacer cosas como devolver las bofetadas y los insultos.
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Ver las caras de felicidad del público a la salida del Romea fue gratísimo.






