Un barítono en la corte de Cajamurcia

El martes, con el corazón en un puño, llegamos por los pelos al concierto de Salters: barítono americano que nos entretuvo durante una hora y media con un repertorio de música  también  americana.
Un zagalón hermoso este Salters, negro (no sé si poner esto ya que  en nombre de la “corrección política” se niega lo evidente) grande, bien alimentado, algo escaso de pelo, sonriente dentón, en apariencia un tipo agradable y cariñoso ya que se abrazaba con gran entusiasmo a Rodilla, el director de la Sinfónica de Murcia.
La sinfónica puso la parte instrumental con, ¿poca fortuna?. Parece muy difícil establecer el justo equilibrio entre instrumentos y voz. A veces, Salters fue aplastado por el peso de la orquesta mientras el señor Rodilla olvidaba sacar el látigo para volverlos a su lugar.
Agradecí que no fuera de la escuela de los tenores furibundos efectistas,  esos que están dispuestos a resolver a bocinazos y chorros de voz cualquier melodía   y  arrastrar al público por el camino de lo popular, recurso fácil y  trillado por los nosecuantos tenores. Es capaz de modulaciones tiernísimas, naturales. Salters juega seriamente con la voz esquivando los vibratos, ¿canta como habla? Posiblemente. En algunos momentos quedó en desventaja con la orquesta, cuando estuvo solo creó tal atmósfera de fascinación que el pústehphensaltersblico no sabía si aplaudir o suspirar, acompañado por el discreto piano se lució. 
 

Critiquemos

¿Por qué es imposible el silencio absoluto en los conciertos de la Semana Grande? En aquella sala había mucha gente enferma de toses incontrolables. ¡Qué malitos estaban todos! La gerencia del auditorio debería entregar caramelos envueltos en goma de globo (no hace ruido) para suavizar gargantas. Se admite propaganda de Cajamurcia. Los globos se entregan más tarde a los nietos.
¿Por qué hay señoras empeñadas en sumar la pequeña percusión de su castizo abanico a la música de la orquesta?  Señoras que ni se inmutan a pesar de que diez cabezas se vuelven hacia ellas poniendo mala cara. Hay señoras castizas y mal educadas.
Tuve la suerte de tener detrás de mí al inquieto, durante la primera parte dio en el respaldo de mi asiento unos cien rodillazos. No apareció en la segunda, cosa de agradecer. Sí  aguantó todo el concierto su señora, que opinaba que Salters era un mal cantante pero ella estaba allí para escuchar “Beguin the beguin” (única canción que mereció un “bravo” del entusiasta oficial) y la permanencia de la mujer.

 Información del tráfico

Para llegar al auditorio en hora punta hay que echar más de cuarenta minutos. El atasco es seguro a pesar de que los paneles municipales dicen que el tráfico es fluído. ¡Serán mentirosos!

Información culinaria:
Las berenjenas rebozadas  y los tigres de “Los Pequeños” están de muerte. No puedo certificar la total veracidad de esta información ya que cuando picamos esto yo tenía mucha hambre.  

tenorfuribundoEsta es la actitud artística de la especie “tenor furibundo  con chorro de voz”. La cantante sufre desequilibrios reales bajo la fuerza de su grito huracanado. El término furibundo tiene su origen en la furia que pone en la interpretación más que en el furor que causa entre los oyentes.

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