Novedades teológicas
Leo en “El País” del sábado que el Papa ha cerrado el Limbo.
En mi infancia alguna monja o catequista nos dijo sobre el natural acolchado de este lugar fantástico. Yo lo imaginaba como un lugar de densidad blanca. Cuando apareció el queso Filadelfia encontré la plasmacíón de su textura y su color pero no de su olor porque creo que el Limbo debe ser un lugar desodorizado.
Parece ser que la clausura del Limbo también pondrá en cuestión la existencia del Purgatorio, ese lugar donde se utiliza como edulcorante el aceite de ricino para producir una colitis eterna que limpie el organismo de pecados y el alma del ánimo de pecar.
De acuerdo estoy, con alguno teólogos modernos, con que el infierno no es un lugar en llamas; el infierno somos nosotros cuando entramos en conflicto interno y externo. No hay nada más demoniaco que una persona insatisfecha.
