Mikado, teatro del Japón, pon, pon, pon.
Miércoles de la Semana Grande a lo mediano, el Mikado de Gilbert &Sullivan resultó un asunto digno de mención pero con algunas salvedades.
La opereta, (versión ligera y cómica de la ópera) hizo furor durante un par de siglos porque no hay sano cuerpo que aguante tanto drama trágico sin un respiro, cosa que ofrecía la ópera un día sí y otro también. La vida es cosa seria, tanto, que verla desde la distancia de la carcajada ayuda, de ahí debió nacer la opereta (teoría musicológica patatera).
Apunte de agenda: Necesito reírme más.
Asistimos al repetido fenómeno de la moda en ciclo: gran éxito en el momento de su estreno ( mil ochocientos y pico), éxito grande cuando la estrenó Dagoll Dagom adaptada al castellano hace casi veinte años, y repetición de la jugada en Cartagena .
Una comedia de enredo en ambiente japonés, juegos de palabras, personajes estereotipados y diversión hilarante. La ambientación austera y los trajes vistosos y exóticos, el juego de la seda en danza.
No pienso desvelar el argumento que en estos casos es casi secundario. Una sucesión de canciones ingeniosas rellena el tiempo de la acción: la variedad de estilos es mucha, aunque yo me quedo con el madrigal a capella. Aún me sigue asombrando el efecto balsámico del canto a cuatro voces sobre fáciles esquemas consonantes de aire arcaico, la cosa sonora del Renacimiento que nada tiene que envidiar a una pintura de Boticelli ni a la escultura de Miguel Ãngel .
Actores
La voz de Toni Viñals es fascinante, te lo puedes imaginar cantando boleros y melodías donde paso algodonoso entre notas es necesario con gran agilidad. Es un tipo elástico, buen bailarín. Un artista muy completo. Su papel de joven hijo de del Mikado vagando de incógnito por el mundo es un pilar de la representación.
Joseph Maria Gimeno borda su cómico destino como verdugo a la fuerza, nos divierte en su devenir de persona adaptable a lo que la vida le impone. Canta, gesticula, camina, se cae y siempre nos divierte. ¿Es un payaso hábil?
Causó mala impresión durante la primera parte la dificultad de las chicas para hacerse oír. La primera parte nos trajo un grupo de señoritas perdidas entre el volumen de la música de fondo. ¿Me persigue la maldición del balance sonoro chapucero? Empiezo a pensar mal.
También es posible que los autores no diesen el mismo valor dramático a las voces masculinas y femeninas. Ellas pierden peso en la acción de la obra para transformarse en adornos visuales y sonoros: mucho gorgorito lírico dificulta la comprensión del texto.
Es asombroso que con la pasta que tiene Cajamurcia no se pueda permitir el lujo de poner música en directo en un espectáculo como este.
Asistimos en compañía de mi niño y su chica. Creo que disfrutaron del espectáculo. Se me hace extraño viajar con mis niños sin las típicas preocupaciones de madre y aún más, choca verlo tan grande y sentirse joven. En este mundo la juventud no se acaba nunca.
http://www.dagolldagom.com/pags/especials/mikado/index.htm
Crítica ( constructiva, jaja)
El teatro Circo de Cartagena no es una pieza arqueológica pero sí una muestra de las construcciones de los años ¿sesenta? Me recordó al cine Rosales del Molinica de Señor, derribado hace unos treinta años. Recoge una colección de cuadros actuales digna de mención. Es quizá un síntoma de que los edificios se pueden mantener y seguir usando aunque no tengan aparente valor histórico y sean “feos”. La cuestión de la funcionalidad no es cosa baladí.