La muela nonata

 

dientenonatoDesde el mes de julio hay un vasito misterioso en la puerta del frigo. Nadie lo toca ni lo tira a pesar de que no es un alimento. Si lo observas con atención ves un acolchado amoroso hecho con una servilleta de papel rosa  y, sobre ese lecho improvisado, una muela del juicio que mi  sobrino político le quitó a mi hijastra,  antes de que esta muela,  novata y teóricamente juiciosa,  le desplazase todos los dientes que antes habían sido reconducidos a fuerza de alambres y gomas.  

“O.”, mi sobrino dentista, abrió la encía de la chica  antes de que alumbrase la muela, venía la pieza dental mal aconsejada en su camino y orientación   y fue contundentemente corregida por el dentista.
La lógica dice que esta muela se la debería llevar el ratoncito Pérez al país de las muelas caídas (en desgracia en este caso), pero no, “S” ha decidido remitirla por correo a su legítima dueña hasta Pontevedra, sitio lejano, ¡ vive Dios!, para que la chica obre según su parecer con esta antigua parte de su cuerpo.  No sabemos la cara que pondrá la criatura cuando abra el paquetico y tropiece con la pieza dental.
Seguramente ella agradecería que su padre negociase con ratoncito Pérez  y le enviase la pasta que el roedor aportase, sobre unos 50 euros estaría bien ya que es una muela de entidad y peso  físico y figurado.
 

Las muelas del juicio son un incordio para la mayoría de las personas. Un elemento arcaico que se ha quedado sin sitio en mandíbulas cada vez más estrechas.
Entiendo que el término muela del juicio alude a que éstas salen cuando uno ya es persona madura y de pensamiento claro.
Poseer un sano juicio es una cualidad cada vez más escasa.
 

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