Ensayos Mozart
Martes, Octubre 31st, 2006
Viendo lo ilustrado de las páginas de mi libreto del Réquiem podríase pensar que me aburro en los ensayos. Cierto o no, con el tiempo y la mucha experiencia diez años de ensayo dan para mucho- he buscado la forma de entretener los espacios en vacío que sufrimos. En vacío y en silencio. Podríamos, mientras el director organiza y pone en solfa a las otras cuerdas, charlar animosamente. Pero la música casa mal con los murmullos, los españoles tenemos tendencia a alzar la voz y lo que empezó piano terminará en un fortísimo, lo cual está muy mal visto ya que implica que andas distraído, saltas por encima de la autoridad y/o el encanto del director y lo que llevas entre manos te importa menos que una semifusa.
Hablar no está bien visto pero debería estar mal oído ya que las palabras no se ven más bien se oyen.
Garabatear en los márgenes de la partitura está en mi naturaleza, me sale, me brota espontáneamente. Es buen hábito del coralista llevar un lapicito para anotar sugerencias e indicaciones del director. El lápiz en la mano se sumó al hábito de garabatear sobre papeles cuando uno anda reunido.
En tiempos remotos, cuando yo andaba reunida con las monjas del colegio de la Sagrada Familia en Molinica del Señor, se produjo el encuentro entre el lápiz y yo, fue un “encantado de conocerte” de lo más sincero una amistad que aún dura.
El lápiz en este trance nunca se está quieto: no hay borrón, garabato o raya torcida que se le resista. Su espíritu creador de líneas con o sin sentido se desparrama. El lápiz es un ser autónomo que crea y me sorprende. El resultado más lucido de los últimos tiempos está en los márgenes del Réquiem de Mozart.
Estoy casi convencida que esta costumbre tan establecida se llama “hábito” porque la aprendí entre monjas: Sor Matilde, Sor Elidiodora, Sor María del Pino y Sor Felisa.
palabras. Me quiero jubilar ¡YA!
Desde el mes de julio hay un vasito misterioso en la puerta del frigo. Nadie lo toca ni lo tira a pesar de que no es un alimento. Si lo observas con atención ves un acolchado amoroso hecho con una servilleta de papel rosa y, sobre ese lecho improvisado, una muela del juicio que mi sobrino político le quitó a mi hijastra, antes de que esta muela, novata y teóricamente juiciosa, le desplazase todos los dientes que antes habían sido reconducidos a fuerza de alambres y gomas. 
rza gracias a la tremenda y rotunda riqueza de los instrumentos musicales usados: Fantástica la marimba, floja la txalaparta, impresionante el sekere con su aspecto de collar de conchas, tembloroso el gong, familiar la batería, sorprendente el cubo de hielos del Ikea, inexploradas las posibilidades sonoras de la voz y el cuerpo como instrumento percutible.
blico no sabía si aplaudir o suspirar, acompañado por el discreto piano se lució. 

Leo en “El País” del sábado que el Papa ha cerrado el Limbo.