Procesión

Por pura casualidad, hemos salido a andar, nos hemos cruzado con la procesión de la Patrona.
Llevar a la patrona de paseo es un uso ancestral y no sé si práctico al menos desde el punto de vista de lo utilitario, lo que nos da de comer, lo que produce beneficios materiales…
Ya sabemos que todo lo que se hace en esta vida no tiene que tener un fin en sí, una utilidad. Considero meritoria la composición teatral del acto, la escenificación. Todo el mundo se compone con sus mejores atuendos, de manolas, güertanos con traje de faena, de molinenses endomingados, algunos municipales con el traje de gala, otros se ponen el de serio, las concejalas se visten de negro con taconazos y los concejales se ponen el traje de cuando se casaron (es un decir), caminan junticos, con cierto orden desordenado, charlan, se reencuentran, saludan, felicitan, quedan para nunca, se cierran negocios. La banda, ciertamente buena, encuentra un motivo para mostrar lo ensayado durante meses. Los floristas lucen su adorno, los curas organizan el paso de la gente, las señoras comentan lo hermoso que es el bordado del manto y lo guapa que es la virgen de madera. Tras el paseo, en la puerta de la iglesia de la Asunción las campanas enloquecen y todo se remata con la gran guinda que son los fuegos artificiales.
Me asombra que los costaleros caminen en piña sin desviarse un ápice de la ruta marcada y sobre todo, que la gente corriente se sume a esta comitiva. ¿Qué buscan allí? ¿Qué se encuentra en este caminar juntos?