Discantus y “Son cubanísimo” en las fiestas de Molinica del Señor
Este concierto es quizá lo único que me apetecía ver del programa de fiesta. Me he quedado musicalmente atrasada con respecto a la música popular, antes disfrutaba de una zarzuela y cada vez me gusta menos. Tengo la impresión de que este es un espectáculo para jubilados, gente que al día siguiente no tiene que ir a trabajar y se puede permitir el lujo del trasnoche. Pensar en un tenor zarzuelero dando bocinazos me pone los pelos de punta tanto como una uña dura sobre la superficie de la pizarra. Si hablamos de conjuntos, cantantes solistas, cantautores, y cantamañanas tengo tal grado de desinformación que no sé si Diana Navarro es una cantante de rock duro o de flamenco, o si “Los Mismos” son los mismos de hace cuarenta años u otros distintos.
¿Qué tenía de especial este concierto?: la combinación exótica de una masa coral y los músicos cubanos a ritmo de Cuba: acontecimiento extraño y exótico. ¿Qué vimos y escuchamos? Una masa coral que canta como tal, que se mueve como una sola persona, baila y se divierte. Se escapa al esquema previsible de lo que es un coro adulto, es decir, seriedad en una estructura rígida de grupo, apariencia de concentración, rigor en el gesto y música aburrida de escuchar (aunque sé que no de ensayar). El director, en su papel de indiano, muy elegante. La puesta en escena, trabajada. Las chicas, guapas con sus trajes blanquitos alegrados con trazos de color; ellos, dispuestos a la vida tropical. Se han divertido preparándolo y se les notaba, era palpable el disfrute, la complicidad entre coralistas y las ganas que pusieron en ello. http://www.coraldiscantus.com/
Los cubanos eran cubanos, tenían pinta de cubanos, se portaban como cubanos y cantaban como cubanos. Las piezas que interpretaron solos fueron impecables. Hermosas y potentes voces las de los cantantes. ¿Los felicito? Venga, vale, los felicito. Pilar, te vi por el rabillo del ojo y fuiste parca en aplausos. La perfección no existe, de todos es sabido, mucha gente intenta caminar hacia ella: loable intento.
Retahíla de imperfecciones (no me puedo callar):
- La música coral amplificada se distorsiona, deforma el caminar compacto del conjunto, la calidad se diluye. He escuchado esta coral sin amplificación y son de las que muestran una característica sonoridad que me gusta. ¿En algunos momentos no escuchaban bien la referencia de los instrumentistas? El balance, el equilibrio, entre acompañamiento instrumental y voces al principio fue tan deficiente que aquello se convirtió en una tortura. Dolían los oídos. Fue mejorando.
- El repertorio, dentro de la faja del “son”, en algunos momentos se hizo repetitivo, no puedes evitar desconectar oídos cuando has escuchado tres canciones que instrumentalmente empiezan igual aunque caminen hacia una letra y un desarrollo diferente, letra que en algunos casos era incomprensible. La vocalización estricta es una asignatura pendiente, caballo de batalla de muchos directores de coro, ya que la laxa pronunciación del murciano se traduce en un batiburrillo de sonidos que no se entienden como palabras. Nunca sabremos si la mala vocalización obedecía a la falta de precisión del director, o a que éste decidió que su coro hablase en “cubano”. Un misterio más.
El público:
Un tercio del auditorio estaba lleno de un público errante, entraban y salían constantemente. También estaba el típico espontáneo que al final de cada pieza gritaba “¡bravo!”, cosa que se agradece ya que uno sale con la impresión de haber asistido a un gran espectáculo.
Hacía tanto tiempo que no había entrado al auditorio del parque de la Compañía que me llevo la sorpresa de que la estructura metálica amarilla que tenía encima ha desaparecido, seguro que no fue ayer tarde.