Alatriste
He ido al cine.
Aviso que en este comentario, dada la relación que tiene con Pérez Reverte y su mala boca me he permitido el uso indiscriminado de palabrotas y un troncho de mala leche. He soñado con Viggo Mortensen, su bigote desmochado y sus ojos tristes.
Diez minutos después de empezar la peli pensé “Vaya país de mierda” y me enganché a la acción de este tipo flaco y brutal, a la atmósfera enrarecida y polvorienta, al frío que emana esta película en todo instante ya que la España del siglo de oro era fría como el congelador de un “Ignis”. La gente de la época estaba sola e indefensa en un país donde cualquier noble, eclesiástico o militar te podía joder porque así le apetecía. Lo mejor que te podía pasar es que te confundieran con las paredes y la tierra y que no te vieran aquella caterva de mandamases hijoputas. ¡Porca miseria ¡
Alatriste falla por falta de sensibilidad sensorial sensible: huele a palomitas con mantequilla cuando debería oler a rancio tocino. ¿Cuándo van a perfeccionar el cine acompañando imágenes sonoras con sensaciones olorosas y táctiles?
El cine comete un enorme pecado de incongruencia, y esta película más:
- Te envuelve en un sonido perfecto: la banda sonora te deja escuchar hasta las conversaciones de patio de vecinos, la caída de un alfiler, el zumbido de un espada que rasga la piel del enemigo, el cuchicheo de gente en una masa, susurros que parece que hace alguien tres filas más allá.
- Mirando atento la imagen que el director cuida, registra el mínimo detalle visible, se ha fija en esa gota cristalina que corre por un cánta
ro del aguador de Velazquez casualmente en lo mismo que tu te fijaste al ver ese cuadro- , en la decrepitud de los edificios populares, los desconchones, el óxido, la lujuria de las trajes enjoyados de los ricos, la opulencia de los palacios, el negro austero y eterno de la ropa de los hidalgos que viven de puta pena - y…sin esfuerzo te trasportas a otra época, te lo crees pero no do del todo, porque es imposible, porque mientras tanto las puñeteras palomitas te azotan la pituitaria y te vuelven loca a mayor gloria del maíz y del negocio del cine.
¡Qué poca vista, perdón, olfato!
El tema de la peste a palomitas no afecta sólo a los cines de Molinica del Señor, es un mal universal. Estuvimos en agosto en el cine Gran Via de Madrid viendo otra de aventuras, “Piratas del Caribe” y olía exactamente igual: Eau de palomitas.