Presiones
Viernes, Septiembre 22nd, 2006Mi jefe me presiona para que trabaje por la tarde.
Tareas en un día normal:
Levantada, ducha, recogida lavaplatos, desayuno, consulta correo.
Viajecico hasta el cole. Tráfico endiablado de Molinica del Señor que ha conseguido en pocos años ser tan complicada como Madrid y tan pueblerina como ella sola.
Clase. Educar látigo en mano a mis veintinueve (29) infieles y convencerlos de su idílica vida como educandos, de su amor por mí y de mi amor por ellos (constatable).
Recreo: consulta del correo electrónico del cole.
—Lola, necesito las actas de la última evaluación dixit M. A. director de Secundaria.
—Lola, la página web está sin actualizar dixit Pepe, director de primaria.
—Lola, la mamá de Paco dice que es infeliz, que qué le has hecho la secretarria dixit.
—Lola, puedes hacerme un cartelico para indicar la dirección correcta de la trayectoria del sol, la luna y las estrellas esto lo puede decir cualquiera.
Intento entrar tres veces en el baño y siempre está ocupado. ¿Estarán a régimen de diuréticos estas mujeres? ¿ Conseguiré hacer efectivo mi legítimo derecho a usar el trono ?
Suena el timbre, llego tarde, para variar. Algunos me miran con malos ojos. Yo no he tomado café y ellos sí. Yo no he tenido un rato de charla y ellos sí.
Clase: movimiento continuo propio del post patio. La atención se centra si te conviertes en :
A.- un payaso de circo (no me pagan para ello).
B.- Una hija de puta que los amedrenta (tampoco me pagan para ello)
Decido tomármelo con calma y hacer la vista gorda.
Es la una, les aviso de la hora y pienso que cuando salgamos a las dos será aún peor. Respiro tres veces y me voy a casa.
“S” hace la comida, es lento cocinando. Le agradezco la iniciativa pero en su espacio de cocineo yo, sola, habría cocinado, comido y dormido la siesta. Mientras él cocina voy picoteando y cuando ha terminado de hacerlo ya he comido todo lo que necesito para mantenerme viva. Ahora me comeré lo que ha cocinado que es lo que necesito para mantener y acrecentar los michelines. La distribución del sentido del tiempo no es igual entre toda la humanidad.
Eso, duermo la siesta. Diez minutos.
Me levanto de un humor perruno. A los críos de al lado les han comprado la flauta y llevan horas usándola como pito.
Llamada telefónica de una representante de Planeta. Dos horas más tarde viene a casa, me dora la píldora durante media hora, me regala un libro, y no consigue venderme nada. ¡Bien por mi!
Tiendo la ropa, que antes había metido en la lavadora.
Camino sobre la página web del cole intentando ponerla al día y al mismo tiempo que Pepe deje de recordarme que está sin actualizar.
. Aún le faltan unas seis horas de trabajo.
La piscina: ¡guau, guau¡
Subir la cuesta de casa con la mochila que me pesa después de cuarenta y cinco minutos en el agua. Se agradece la perfección que nuestro monitor roza en cada sesión en un equilibrio justo entre esfuerzo y relax. Le pondría una medalla. Aunque bien pensado el imperdible en la tetica (aunque sea de tío musculoso) tiene que doler.
Cenar: intento que sea poco y no lo consigo, para variar.
Relax adormecido ante la tele, hojeo periódicos, libros de mis niños y charl
amos.
Hago una aplicación o pequeño objeto de ganchillo que unido a unos pocos da lugar a un tapete. Si tienes más paciencia y en vez de pocos juntas muchos llegarás al mantel, la colcha, el toldo de camión, etc. Cuestión de paciencia.
Es el mejor momento del día, ¿será así el momento Nescafé?. Sería aún mejor si capaz de dejar atrás la idea de que sonará el despertador dentro de un rato.
Y otra vez vuelta a empezar
¿Si además de esto, trabajo por la tarde?